Collage de vidas y demiurgos.

 

Por Carlos Sangiovanni.

El collage es esa técnica artística que se nutre como una aspiradora de objetos de la vida diaria; impresos y restos de la sociedad de consumo, papeles de todos los calibres y colores, van articulándose bajo la mano ordenadora del creador visual,  en una obra donde reine la integración y coherencia estética, que la eleve a la categoría de pieza de arte.

Los precedentes de esta técnica se disgregan en el tiempo. Desde su utilización por parte de los calígrafos japoneses en el siglo XII, quienes luego de escribir las obras poéticas confiadas a ellos; sobre las hojas en que eran realizadas, adherían papeles de colores sutiles, con motivos florales, avecillas diminutas y pequeños detalles de oro y plata. Llegándose siglos después, hasta los collages de papel realizados

en “…las pequeñas imágenes piadosas colocadas en los libros de oraciones que se extienden por el sur de Alemania y países vecinos, en el siglo XVII y principio del XVIII.” (1)

El arte moderno y parte de sus principales artífices, redimensionaron el collage, para irrumpir con un discurso estético vanguardista, en donde el soporte de la obra daba cavidad a elementos extra pictóricos, para la configuración de una nueva iconografía visual. Max Ernst, Kurt Schwitters y John Herfield, fueron parte de esa legión de precursores iniciados en el dadaísmo, que utilizaron el collage para la materialización de sus insólitas propuestas.

Dentro de ellos, Max Ernst- (1891-1976) asumió el collage como una forma de rechazo a la pintura y a los materiales clásicos del artes, quizás como manera de expresar el desprecio que sentía por su padre, pintor tradicional, de escasa creatividad, que se limitaba a pintar bodegones y paisajes.

Ernst tomó el alegato surrealista, desde la magia y fuerza irreverente que impregno a sus numerosos collages, en los que André Breton creyó encontrar los flujos descabellados del Conde de Lautreamont, según su famosa premisa poética: “el arte debe ser como el encuentro de un paraguas con una máquina de coser sobre una mesa de cirugía”.

Max Ernst. Collage
Max Ernst. Collage

En la colección de collages que preparó Max Ernst para su novela gráfica surrealista Une Semaine de Bonté (Una Semana de Bondad), las imágenes exponen los principios esenciales de la filosofía del Marqués de Sade, en escenas que recrean, en 184 collages, sus desafíos eróticos.

“El individuo sincero fracasa en medio de una sociedad de gente falsa, es necesario mentir para lograr un poco de felicidad”, dictamina Sade, mientras los personajes creados por Ernst, en sus collages, se apropian del espacios, sodomizando y torturando; en donde la zoofilia y los juegos macabros crean alucinaciones y delirios sin prejuicios, mientras las mujeres con sus redondeces voluptuosas y conchas de moluscos elucubran lúdicos placeres.

Estos collages realizados por Max Ernst en Italia, en tan solo tres semanas, empleando para su composición láminas impresas de folletines románticos del siglo XIX, ilustraciones de libros de anatomía y grabados de Gustave Doré; luego de recortadas y pegadas eran retocados con plumilla, para germinar como ejemplos de esa ruptura artística enarbolada por las vanguardias modernas.

A diferencia de Ernst, en la que la mayoría de sus collages trillaron el espacio bidimensional, Kurt Schwitters –(1887-1948)- incorporo una amalgama de elementos extra pictóricos tridimensionales, que conferían a sus creaciones un dejo escultórico dentro de una composición heterogénea y complicada, pero completamente integrada y coherente.

Kurt Schwitters. Collage
Kurt Schwitters.

La autenticidad e identificación de Schwitters con sus collages, lo llevaron a ofertarlos a la venta en plena vía pública, donde abordaba a los transeúntes para proponerles sus obras de arte.

Pero quizás, las obras mas compleja y sorprendente fueron las “Columnas” que erigió; la primera, en medio de su vivienda de la ciudad de Hannover, en donde partiendo de una estructura central, iba adhiriendo con yeso diferentes objetos domésticos y abalorios desechados por la sociedad, encontrados en su deambular diario por las calles; o los que les obsequiaban sus amigos, en una obcecación desenfrenada que cada día ensanchaba la columna, convirtiéndola en una estructura monumental y grotesca. Schwitters, posteriormente, lleno los intersticios que se formaban con recuerdos personales de sus familiares y amigos; la obra había engruesado tanto, que casi ocupaba todo el salón de la vivienda donde se encontraba. La Columna, desgraciadamente, fue destruida por los nazis, al considerarla “Arte Degenerado”. De esta obra solo quedan imágenes fotográficas tomadas por Man Ray. Schwitters construyo posteriormente dos columnas más, una en Inglaterra y otra en Noruega.

Más cercano al diseño contemporáneo en sus concepciones creativas y manejo del collage, se encuentra John Hearfield (1891- 1968), artista que marco un hito con sus foto-collages, antecedente analógico de los ensambles digitales que se realizan en nuestra época, y en la que se emplean equipos, programas y aplicaciones que facilitan la labor creativa. Hearfield utilizó sus fotomontajes para combatir ideológicamente el autoritarismo monárquico y el nazismo creciente que se propagaba por toda Alemania. Sus carteles revolucionaron el diseño gráfico, con sus creaciones cargadas de un discurso incendiario, en el que imagen y texto imprimían un carga ideológica desusada, que no sacrificaba su plasticidad artística ante la carga panfletaria del medio.

Jhon Heartfield. Cartel (foto-collage)
John Hearfield. Fotomontaje

Engendrado modernamente por el Dadaísmo, el collage y sus diversas variantes ha sobrevivido al paso del tiempo; percibiéndose hoy, como “artistas” hacen uso de este, con una ignorancia garrafal que les obnubila, haciéndoles creer y afirmar que están transitando senderos creativos jamás trillados. Olvidando que, como dice el escritor dominicano Pedro Peix , “…la propia vida es un collage, un cúmulo disperso, caótico e imprevisto de vivencias y emociones que se van aglomerando a lo largo de los años con sus oscuros y pesados sedimentos de recuerdos y miserias”.(2)

 

Referencias:

 

  • La historia del collage. Colección Comunicación Visual. Wescher; H. .
  • Pedro Peix . Columna “Entre días”. Periódico Listín Diario 1-12—1986.

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