EN APEC CULTURAL. Palabras de Carlos Sangiovanni, en la apertura de la exposición de Marcos Brador.
Distinguidas autoridades de APEC, encabezadas por el Presidente del Grupo APEC, Lic. Carlos A. Ortega, distinguidos miembros de la directiva de APEC Cultural, apreciado expositor Marcos Brador, familiares del artista, distinguidas personalidades que nos acompañan, damas y caballeros, amigos todos.

Nos dirigiremos dentro de breves minutos a la sala de exposiciones que lleva con justicia el nombre del Arq. César Iván Feris Iglesias, para abrir las puertas a una muestra que trasciende el mero ejercicio artístico para convertirse en un testimonio de fe, de maestría técnica y de amor por lo sagrado. Hablo, por supuesto, de «Brador: Una Inspiración de Fe», la exposición del maestro joyero y orfebre Marcos Brador .
Y qué mejor momento para acoger estas piezas que este tiempo de Cuaresma, cuando la mirada de los cristianos se vuelve con particular intensidad hacia el misterio de la encarnación, la pasión y la gloria. En el centro de ese misterio, como faro de humanidad y divinidad, se encuentra María, la Virgen Madre de Dios.
Permítanme detenerme un instante en esta figura universal. María, Theotokos —la que dio a luz a Dios—, ha sido a lo largo de los siglos no solo objeto de devoción, sino también musa inagotable de artistas de todas las latitudes. Desde las icónicas vírgenes bizantinas, hieráticas y doradas, hasta las dulces madonnas del Renacimiento, pasando por las vírgenes mestizas de nuestra América; cada época, cada cultura, ha proyectado en su rostro sus anhelos más profundos de protección, de ternura y de esperanza. La iconografía mariana constituye un lenguaje visual que habla directamente al alma, un puente entre lo humano y lo divino. Y es precisamente en esa rica tradición donde Marcos Brador ha encontrado su inspiración.

Pero Brador no pinta, no esculpe en madera ni talla en piedra. Brador trabaja con la luz atrapada en los metales, con el fuego secreto de las gemas. Él es un orfebre, formado con el rigor que exige la alta joyería en el prestigioso Gemological Institute of America (GIA) de Los Ángeles, donde se graduó como Graduate Jeweler, dominando técnicas que van desde el engaste de precisión hasta el modelado en cera, desde la metalurgia decorativa hasta las más avanzadas tecnologías de impresión 3D, todo ello sin perder de vista las técnicas tradicionales de la orfebrería sacra y la restauración.
Su trayectoria, de más de cuatro décadas, habla por sí sola. Este dominicano, con estudios en Administración de Empresas en UNIBE, ha puesto su talento al servicio de instituciones que van desde bancos y universidades hasta el Estado Dominicano. Pero es en el ámbito de la orfebrería sacra donde su obra adquiere una dimensión verdaderamente excepcional. Baste recordar que es autor de la decoración artesanal del marco de la Virgen que hoy se exhibe en el Vaticano, una pieza que fusiona nuestra fe con la identidad nacional al integrar el larimar y el ámbar dominicanos en oro y plata. O recordar su intervención en la Corona, cetro y ángeles de Nuestra Señora de la Altagracia en la Basílica de Higüey, así como la restauración del marco de la Virgen de las Mercedes en el Santuario del Santo Cerro. Su obra, pueden verlo, ha tocado lo más sagrado de nuestra nación.
Ahora, en esta sala, Marcos Brador nos ofrece algo íntimo y personal. Ha tomado imágenes clásicas de la Virgen María —pinturas, ilustraciones de diversa procedencia— y sobre ellas ha desplegado su arte. Ha intervenido estas representaciones con delicadas piezas de joyería que ornamentan creativamente distintos elementos de la iconografía: quizás un manto, una aureola, un broche. Con una sutileza exquisita, ha añadido el fulgor del oro, la serena luz de la plata, el destello de los diamantes, el nácar de las perlas y la profundidad de otras piedras preciosas. El resultado es un diálogo entre la imagen tradicional y el ornamento contemporáneo, un conjunto que adquiere una vistosidad y una solemnidad que solo puede nacer de un trabajo realizado con fe y con amor.
Y es preciso hablar de esa fe y ese amor como motores. En conversación con el artista, conocimos la raíz profunda de esta empresa: una dramática situación familiar que Marcos vivió con la intensidad de quien se encomienda. Fue en ese trance, en ese diálogo íntimo con lo divino, donde germinó la idea de honrar a la Virgen a través de su oficio. Lo que hoy vemos no son meros objetos decorativos; son exvotos, acciones de gracias materializadas, plegarias hechas de metal y piedras preciosas. Cada pieza, me atrevo a decir, contiene no solo el talento del orfebre, sino también el latido de un corazón que ha sido probado y que responde con lo mejor de sí: su arte.
Esta exposición, sin embargo, tiene también una historia terrenal que merece ser contada, porque en ella vemos cómo las cosas, a veces, se tejen con un hilo que parece guiado desde arriba.Recuerdo que hace algún tiempo, cuando ejercía como Vicerrector Académico de esta universidad, conversaba con el entonces Rector, Dr. Franklyn Holguín Haché. Él, con ese entusiasmo que le caracteriza, me hablaba de la hermosura de unas obras que Marcos Brador había realizado con imágenes de la Virgen de la Altagracia. «Tienes que verlas», me decía, «cualquier día te llevo para que Marcos te muestre su trabajo». El tiempo pasó, las agendas se complicaron, y aquella posibilidad se diluyó, quedando en mi memoria como una promesa incumplida.
Pasa el tiempo. Dos años después, la vida me sitúa al frente de APEC Cultural. Un día, en La Casona, me encuentro nuevamente con el Dr. Holguín, quien esperaba a Marcos Brador. Resulta que el maestro orfebre iba a repararle la pulsa de oro de un reloj. Los invité a pasar a mi oficina. Allí, mientras esperábamos, la conversación, casi por inercia divina, derivó hacia aquellas imágenes que yo nunca había podido ver. Marcos, con la sencillez de los grandes artistas, sacó su teléfono y comenzó a mostrarme, en ese pequeño dispositivo, el prodigio de su obra.
Fue un instante de revelación. Allí mismo, con la naturalidad de lo que estaba destinado a ser, concretamos esta exposición. Y todo ha obrado de forma que no puedo sino llamar providencial, porque desde que esta Sala de Exposiciones fue designada con el nombre del Arq. César Iván Feris Iglesias —y Marcos es, como muchos saben, su amigo— los artistas se han sentido misteriosamente atraídos a mostrar aquí sus obras. Como si su espíritu, el de ese gran amigo de los creadores, siguiera convocándonos.
Señoras y señores:Lo que hoy presentamos es valioso por su naturaleza material —el oro, la plata, los diamantes—, pero lo es infinitamente más por lo que representa: el talento de un dominicano de talla mundial, la destreza de un artesano que domina su oficio como pocos, la creatividad de un artista que sabe dialogar con la tradición, y sobre todo, la fe de un hombre que transformó su drama personal en una ofrenda de belleza. Y esta ofrenda llega a nosotros en la Semana Mayor, cuando el corazón cristiano se dispone a recordar el misterio pascual.
Invitó a todos a recorrer la exposición con esa mirada: la de quien no solo ve el objeto, sino que intuye el alma que lo creó y la fe que lo inspiró.
Muchas gracias.
18 de marzo 2026.
